Cúspides Venezuela ( Montañismo y Fotografía) ANDINISTAS
 
 

EXPEDICIÓN CINCO ÁGUILAS BLANCAS, INVIERNO 2009, VENEZUELA.

Por: Jorge Brozoski F.

Germán Rojas – Jorge Brozoski

Día 1.-28/08/2009.- Mérida – Los Nevados – Campo 1

Viajamos durante la madrugada en el peor bus de nuestras vidas, llegamos a Mérida a las 6:00 a.m., sin perder mucho tiempo nos dirigimos a la Plaza de las Heroínas, dejamos en una posada cercana un pequeño bolso con ropa limpia y objetos personales, desde aquí tomamos uno de los vehículos rústicos que en 4 horas nos estaba dejando en el hermoso pueblo de los Nevados, el clima estaba sorprendentemente bueno, con algo de lluvia hacia el río Nuestra Señora, pero soleado en general, contratamos una bestia para que nos porteara los morrales hasta lo alto del páramo, ya era tarde, un jovencito llamado Leonel fue nuestro arriero, el pueblo entero estaba adornado e iba haber fiesta esa noche, una vez amarrada la carga a la acémila, emprendimos la caminata con destino a nuestro primer campamento, a 3.900 msnm, a una hora pasando el puente de la quebrada Montós, el día estaba soleado, pero desde el este se veía venir un aguacero, por lo que caminamos lo más rápido que pudimos.
Porteador Nevadero

Alcanzamos la cota 3.700 en sólo un par de horas, pero el joven arriero tenía que devolverse temprano para llegar de día y disfrutar de la fiesta, por lo que proseguimos la última hora de camino con los morrales a nuestras espaldas, en cuanto llegamos a la pequeña terraza armamos la carpa con suma rapidez, la temperatura descendía rápidamente y una ventolera se hacía notar, preparamos una estupenda cena y nos acostamos temprano, creíamos estar cansados, pero los días posteriores nos iban a enseñar el verdadero significado de esa palabra.

 

Día 2.- 29/08/2009.- Ascenso al Pico León, 4.711 msnm

Suena el despertador, pero ya estábamos levantados desde las 5:00 a.m., preparamos uno de los mejores desayunos de la expedición y partimos hacia el Pico el León, ascendimos hasta el alto de la cruz bajo una leve llovizna helada, decidimos tomar esta ruta por ser desconocida para ambos, una vez en las lagunas que están en la base del pico el Toro seguimos en dirección suroeste hasta alcanzar la cresta que separa los dos macizos y que termina en el picacho Goering.

Aquí cruzamos por un empinado collado, algunos hitos definían la ruta, pero trazamos nuestro propio itinerario siguiendo la ruta más lógica, 300 metros debajo de nosotros y hacia la izquierda se veía de a ratos la laguna de Montós y la ruta que Germán había tomado en las dos ocasiones anteriores, saltando entre campos de gigantescas morrenas y acarreos de antiguos glaciares llegamos a la base de la pared somital, la aproximación de esta montaña es verdaderamente larga, en invierno la visibilidad puede tornarse a sólo unas decenas de metros y el clima puede transformar el ascenso en una real penuria, cuando estuvimos en la base de dicha pared discutimos un poco de cómo iba a ser la escalada final para llegarle de manera mas directa, pero realmente no existe una “ruta directa” simplemente hay que abrirse paso a través de los arenales y posteriormente por unos canales de detritus en diagonal hasta alcanzar la cresta, desde ahí hicimos una breve travesía y ya estábamos en la cima del León.

Nuestra primera águila, todo el cansancio se hizo a un lado y una enorme alegría estalló entre los dos, habíamos logrado el primer objetivo.

Cumbre Del Pico Leon
Cumbre del Pico León.
Pico León
Pico León

Niebla y viento, no se veía mas nada, eran la 1:30 p.m. sacamos las cámaras, tomamos algunas fotos y videos, también tratamos de hacer algunas llamadas, hasta que en una de esas el clima se apiadó un poco de nosotros y abrió una enorme ventana hacia el sur, los cálidos rayos del sol eran como una bendición, pudimos disfrutar algo del paisaje, pero tuvimos que apresurarnos y descender rápido, no queríamos que nos agarrara la noche, retornamos a las 2:00 p.m., destrepamos como unas cabras y nos dirigimos al valle colgado donde el camino original se cruza con el proveniente de Montós, decidimos bajar en dirección hacia la laguna para luego improvisar un retorno hasta el campamento por otra vía, con suerte llegaríamos mas rápido por ahí,  si el ascenso nos había tomado 6 horas el regreso teníamos que hacerlo en menos si no queríamos caminar bajo la luz de la luna, poco a poco descendíamos hasta que alcanzamos el bosque de coloradito que precede el gran circo glacial donde se ubica Montós, de ahí caminamos por un terreno parcialmente inundado para rodear por la izquierda esa enorme masa de agua, en la lejanía vimos montones de toros pastando libremente, caminamos lentamente bajo su intensa vigilancia, hasta que ya estuvimos casi del otro lado, nos pusimos a charlar mientras buscábamos el sendero, cuando de pronto, por puro instinto, salimos disparados corriendo sin ver para atrás, después de ocho horas de caminata escuchamos los cascos de los toros que venían a todo tropel haciendo una embestida hacia nosotros, Germán corrió tanto que pasó por encima del agua cual Cristo paramero, nos pusimos a salvo detrás de una lomita la cual el toro no pudo subir, me imagino que un familiar de él lo hicieron salchichas en la última feria del sol y quería desquitarse con nosotros. 

Después del incidente taurino, descansamos un rato, los pulmones los teníamos de corbata junto con otras partes de nuestro cuerpo, abandonamos la ruta que lleva hacia el puente y seguimos una curva de nivel fija hasta orientarnos hacia el campamento, si la brújula y el altímetro no fallaban llegaríamos en menos de una hora, y así fue, caímos casi directo al camino de los Nevados aún con suficiente luz y de ahí una breve caminata hasta nuestra carpa, nuestros estómagos estaban de huelga, hicimos una cena reconfortante y nos dispusimos a descansar temprano, esa noche el viento estuvo tan fuerte que sacó algunas cosas que estaban bajo los vestíbulos.

Hicimos todo lo posible para levantarnos temprano, pero el interior de la carpa era demasiado cálido como para abandonarlo y exponerse a los 3ºc del exterior, preparamos nuevamente otro desayuno casero y levantamos campamento, nos dirigimos nuevamente hacia el alto de la cruz y establecimos campo 2 en las cercanías de la primera laguna del Toro, el día estaba fenomenal, salvo por unas nubes lenticulares sobre pico espejo, parecían cortinas sacudidas por el soplido del algún gigante celestial, sin perder mucho tiempo preparamos el morral de ataque y nos dirigimos de manera casi directa hacia las enormes deyecciones de roca que bajan de las dos cimas, el camino lo conocíamos bien de antemano, después de remontar los areneros finales nos situamos bajo la enorme placa-techo que identifica la cima, subimos por una grieta de manera directa y en menos de lo esperado habíamos conquistado la segunda águila, el Pico el Toro, había poca visibilidad, pero al menos el castigo del viento había cesado.
Cima del Pico El Toro
Pico El Toro

Exploramos un poco la cara norte y nos montamos en la cúspide final donde antes reposaban unas varillas de aluminio en forma de cruz, a escasos metros del trípode, permanecimos un buen tiempo, mas que en el León, de vez en cuando la cara norte del Bolívar se dejaba ver por primera vez en la expedición, así como la laguna el Gallo y los sembradíos de los Nevados, después de las fotos y los videos de rigor, emprendimos el descenso, estábamos pletóricos de energías, poco a poco llegábamos a los frailejonales y de ahí en poco tiempo al campamento, la tarde se estaba despejando, la presión atmosférica subía, lo cual auguraba unos días fenomenales para el resto del viaje, después de una cena opípara nos dispusimos a fotografiar la cara norte del Bolívar y pudimos ver con una gran decepción lo escaso del hielo en el corredor que debíamos tomar dos días después, los dos glaciares colgantes estaban bastante pequeños y el superior mostraba un sérac a punto de despedirse para siempre, la pared final de roca empezaba mucho mas abajo de lo esperado, fruncimos el ceño y nos acostamos a dormir, la cresta del gallo nos esperaba.

 
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