Nos levantamos mas temprano que nunca, ya a las 6:00 a.m. estábamos mas que listos, la ruta elegida para ascender al glaciar fue por la cascada, o la variante noroeste, partimos justo antes del grupo, a través de un camino bastante empinado a la derecha de la cascada que va ganando altura rápidamente hasta enfrentarnos con una enorme morrena frontal tipo dique la cual hay que superarla por su lado derecho, es un arenal de gigantescas proporciones, el clima, que había estado insuperable en días anteriores, mostraba un humor completamente diferente, la niebla era tan densa que la visibilidad se reducía a sólo metros, ni siquiera la muralla del Pico Sucre era visible y esa era una de nuestras mejores referencias para no perdernos, tratamos de seguir los escasos hitos hasta que nos encontramos con los primeros neveros, señal inequívoca que estábamos cerca del glaciar hasta que éste por arte de magia apareció bajo nuestros pies, nos equipamos como es debido para cruzarlo y emprendimos la travesía, tratamos de caminar lo mas pegados posible a las rocas para encontrarnos con la convergencia que une la ruta con la que viene del suero, el engañoso glaciar, de apariencia uniforme, dejaba escuchar el sonido de la quebrada oculta bajo su hermoso manto, indicio que estábamos parados en el lugar equivocado y posiblemente, en el momento incorrecto, con mucha cautela nos alejamos hasta encontrar la arista helada que nos llevaría directo hasta la cima, pero las condiciones eran tales que apenas podía ver a Germán a través de los 15 metros de cuerda que nos separaban, no obstante, seguimos con paso firme hasta llegar a la pirámide final, ésta emergió de la nada dándonos una tranquilidad enorme, había mucho hielo, por lo que proseguimos sin quitarnos los crampones hasta la cima, abriéndonos paso a través de canales de hielo, ya el momento era inminente, un silencio sublime nos rodeaba, no se escuchaba nada, poco a poco, asiéndonos de nuestros nobles piolets, alcanzamos la cresta en la zona cimera, con razón estaba tan tranquilo el lado norte, desde la vertiente sureste , un huracán helado soplaba con toda su furia, pero ahí estábamos, la montaña, celosa de nuestra presencia, nos dejó posarnos en su cúspide, juntos llegamos a la última águila, El Pico Humboldt, una breves líneas de nuestra bitácora en la cima:
“Cumbre Pico Humboldt, 4 de Septiembre del 2009, a las 10:10 a.m., completamos las cinco águilas blancas ya, invernales, el clima está muy nublado, pero aquí estamos, lo logramos”