EXPEDICIÓN CINCO ÁGUILAS BLANCAS, INVIERNO 2009, VENEZUELA.
León – Toro – Bolívar – Concha – Humboldt
DEL 28 DE AGOSTO AL 5 DE SEPTIEMBRE
Germán Rojas – Jorge Brozoski
Por: Jorge Brozoski F.

Día 8.- 4/09/2009.-  Ascenso al Pico Humboldt, 4.942 msnm

Nos levantamos mas temprano que nunca, ya a las 6:00 a.m. estábamos mas que listos, la ruta elegida para ascender al glaciar fue por la cascada, o la variante noroeste, partimos justo antes del grupo, a través de un camino bastante empinado a la derecha de la cascada que va ganando altura rápidamente hasta enfrentarnos con una enorme morrena frontal tipo dique la cual hay que superarla por su lado derecho, es un arenal de gigantescas proporciones, el clima, que había estado insuperable en días anteriores, mostraba un humor completamente diferente, la niebla era tan densa que la visibilidad se reducía a sólo metros, ni siquiera la muralla del Pico Sucre era visible y esa era una de nuestras mejores referencias para no perdernos, tratamos de seguir los escasos hitos hasta que nos encontramos con los primeros neveros, señal inequívoca que estábamos cerca del glaciar hasta que éste por arte de magia apareció bajo nuestros pies, nos equipamos como es debido para cruzarlo y emprendimos la travesía, tratamos de caminar lo mas pegados posible a las rocas para encontrarnos con la convergencia que une la ruta con la que viene del suero, el engañoso glaciar, de apariencia uniforme, dejaba escuchar el sonido de la quebrada oculta bajo su hermoso manto, indicio que estábamos parados en el lugar equivocado y posiblemente, en el momento incorrecto, con mucha cautela nos alejamos hasta encontrar la arista helada que nos llevaría directo hasta la cima, pero las condiciones eran tales que apenas podía ver a Germán a través de los 15 metros de cuerda que nos separaban, no obstante, seguimos con paso firme hasta llegar a la pirámide final, ésta emergió de la nada dándonos una tranquilidad enorme, había mucho hielo, por lo que proseguimos sin quitarnos los crampones hasta la cima, abriéndonos paso a través de canales de hielo, ya el momento era inminente, un silencio sublime nos rodeaba, no se escuchaba nada, poco a poco, asiéndonos  de nuestros nobles piolets, alcanzamos la cresta en la zona cimera, con razón estaba tan tranquilo el lado norte, desde la vertiente sureste , un huracán helado soplaba con toda su furia, pero ahí estábamos, la montaña, celosa de nuestra presencia, nos dejó posarnos en su cúspide, juntos llegamos a la última águila,  El Pico Humboldt, una breves líneas de nuestra bitácora en la cima:

“Cumbre Pico Humboldt, 4 de Septiembre del 2009, a las 10:10 a.m., completamos las cinco águilas blancas ya, invernales, el clima está muy nublado, pero aquí estamos, lo logramos”

Ascenso al Pico Humboldt
Ascenso al Pico Humboldt
Llegando a la Cima del Humbodt
Llegando a la Cima del Humbodt

Nadie nace con un sueño en la vida, éstos son adquiridos a lo largo de nuestra existencia, observando los logros y las proezas de los demás, pero sólo algunos los materializan, otros, los mantienen en su memoria sólo como sueños.

Emoción, mucha emoción, lágrimas y abrazos, una etapa de nuestras vidas se cerraba y ahora comenzaba otra, lástima que no había nada que ver alrededor, sólo el pico Ruiz Terán se dejaba mostrar de vez en cuando, invitándonos a conocerlo en una futura ascensión,  entre elogios y celebraciones el clima se puso peor, por lo que decidimos bajar rápido, si la visibilidad antes era reducida ahora era tal que no se podía ver la línea que dividía el horizonte del glaciar con la niebla, ayudados por la brújula, el altímetro y las escasas huellas que dejamos, pudimos llegar a la arista que divide las dos cuencas, donde nace el Sucre, aquí nos encontramos con la familia que venía subiendo, los saludamos y les dimos algunos consejos, unos suaves copos de nieve le daban un toque novelesco a esa escena, el regreso fue por la misma ruta, la nieve se había ablandado considerablemente, a pesar del trajín, el descenso fue bastante ameno, cruzamos la famosa morrena y para el mediodía ya estábamos en el campamento, charlando con los porteadores del otro grupo, pero la bondad del clima había llegado a su fin, un aguacero de los buenos reventó sin previo aviso y nos obligó a no salir de la carpa hasta el día siguiente, para colmo de males, un perro hambriento se había comido todos los víveres de nuestros vecinos dejándolos sin nada, les regalamos a los porteadores algunas sopas para que tuvieran algo listo para cenar cuando llegaran de la cima.
Cumbre del Pico Humbodt
Cumbre del Pico Humbodt

5 p.m., la lluvia no cesaba, las gotas iban acompañadas de vez en cuando con un suave granizo, pero sobre la cota 4.300 estaba nevando bastante, empezamos a preocuparnos por el grupo que no llegaba, ya deberían estar de regreso, por lo que comimos algo y nos dispusimos a vestirnos otra vez de invierno para socorrerlos, pero a la final llegaron justo a tiempo antes de oscurecer, empapados, helados, pero con una sonrisa dibujadas en sus rostros que no se les borraba, era la inconfundible señal de satisfacción, tranquilos y despreocupados, nos fuimos a dormir, el siguiente día iba a ser fuerte, pero la lluvia nos tenía una sorpresita, el exceso de agua, aunado con la poca permeabilidad del terreno hizo que se inundara el lugar donde estábamos, tratamos de hacer unos canales de agua con los piolets, pero era inútil, dormimos con algo de humedad adentro, pero por suerte no terminó en desastre.

 

Día 9.- 5/09/2009.-  Laguna Verde – La Mucuy

Último día de nuestra odisea, ansiábamos como nunca dormir en una cama cómoda, levantamos campamento y desayunamos algo, pero nuestros vecinos no tenían nada en sus estómagos, así que les brindamos un café y la poca ración de marcha que nos quedaba, fue una gran satisfacción haber podido ayudar a alguien en esas condiciones, después de tener todo listo emprendimos la larga jornada hasta la Mucuy, sorteamos con mucha cautela los enormes lomos de ballena que bajan por el valle hacia el noroeste en dirección a la Laguna la Coromoto, son las enormes morrenas del último período glaciar, algunas del tamaño de un edificio de seis pisos, la quebrada estaba bastante crecida por lo que tuvimos que ayudarnos para pasarla de un lado al otro, luego de llegar a la primera deyección de rocas ya se veía al fondo la laguna, apuramos el paso y llegamos al precario “puente quemado”, improvisado tramo para ayudar a salvar un barranco, arribamos a la Coromoto en poco tiempo, descansamos un rato mientras compartíamos con los porteadores del otro grupo, eran unos merideños muy buena gente con quienes intercambiamos unas excelentes ideas para los futuros viajes, pero nuestras axilas nos avisaron que necesitaban mantenimiento urgente, así que de una sentada y sin parar descendimos hasta el puesto de guardaparques de la Mucuy, arribamos a la 1:50 pm, después de 9 días, por fin llegábamos a la civilización, el proyecto estaba concluido, todo había salido a pedir de boca, regresamos en una sola pieza y sin incidentes.
Laguna Verde
Laguna Verde

La experiencia de vivir esta odisea es algo que nunca se va a poder plasmar en un relato, es algo que simplemente, hay que vivirlo, muchos de los valores de la vida que uno cree conocer se ponen verdaderamente a prueba en un periplo de estas dimensiones, ellos son, tenacidad, amistad, solidaridad, pero muy por encima de todos, la convivencia, esta última es, una de las claves para lograr todos los objetivos en la vida.

 

AGRADECIMIENTOS

A nuestros familiares y amigos, María y Ada Torres, por el tiempo que les quitamos para la realización de este proyecto, Alina Castellanos, de A&A Tours, nuestro único patrocinante, familia Herrera-Páez, por ese grato momento en Laguna Verde, y en especial, a la madre naturaleza, volviste a ser muy indulgente con nosotros.

Jorge Brozoski

 

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