En 1928 al oficial británico Basil Mordem tuvo la osadía de intentar cumbre en el Aconcagua en invierno. El hombre enfrentó la montaña en julio, solo y sin mayores protecciones. Pero para él la entrada por la ruta norte fue sólo un camino de ida. Luego de que rescataron su cuerpo congelado, al verano siguiente, nadie lo reclamó durante un tiempo y por eso se decidió sepultarlo en el que hasta entonces era el cementerio ferroviario en Puente del Inca. Mordem fue así el primer montañista enterrado en alta montaña. Hoy ese sitio ya es parte de las tradiciones del Aconcagua y es conocido como el “Cementerio de los andinistas”.
Un ritual casi obligado por la mayoría de las expediciones, es visitar antes de intento a la cumbre del Aconcagua, del “Cementerio de los Andinistas”. Allí tienen su descanso eterno muchas de las víctimas que ha cobrado el “Coloso de América”.
Es un pequeño predio ubicado sobre el costado sur de la ruta que une a Mendoza con Santiago de Chile y a una distancia de 1500 mts de Puente del Inca y a 6 kilómetros de Penitentes.
Allí los montañeros rinden un silencioso homenaje a quienes entregaron su vida intentando lograr la cumbre más alta de América.
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Una blanca cruz cristiana en un pequeño montículo domina este lugar en medio de un valle que en invierno se cubre con un manto de aproximadamente 2 metros de nieve.
Ruegan desde ese lugar de paz para que la “buena estrella de Güssfeld los ilumine” en el intento de llegar a la cumbre.
La jurisdicción política y responsabilidad administrativa de este Cementerio corresponde a la Municipalidad de Las Heras.
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Al principio eran sepultados los montañistas que morían allí y nadie los reclamaba, pero ahora son los propios amantes de los cerros los que eligen ese lugar para ser sepultados, cargándolo aún más de significado. Entre las placas de conocidos aventureros como Bernardo Razquin, Nicolás Plantamura y Adriana Bance (primera mujer que hizo cumbre), hay otros de viejos trabajadores del tren y una cantidad no precisada de tumbas sin nombre que le dan la cuota de misterio a Puente del Inca. Además hay placas homenaje de personas que no fueron sepultadas en el cementerio. En el Aconcagua han muerto 110 montañistas intentando llegar a la cumbre.
Aunque es un lugar destacado por todos, no hay cuidadores oficiales ni tiene presupuesto para su mantenimiento. Está en jurisdicción municipal, pero no tiene responsable y ni siquiera hay un registro de quienes son sepultados en el lugar (nadie sabe con precisión cuántos cuerpos hay). Por eso, muchas lápidas han sido destruidas y robadas, igual que placas de bronce y ofrendas dejadas a los andinistas. Hace tres años se logró ampliar el predio y se terminó el cierre perimetral. Los oficiales del Comando de Montaña y algunos operadores del Aconcagua son los protectores "ad honorem". Ahora, en la Legislatura hay un proyecto de ley para que parte de la recaudación que se obtiene de la temporada de ascensiones sea destinada a la restauración y el mantenimiento del cementeriol.
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Aunque la zona de alta montaña por donde hoy pasa la ruta 7 es lugar de tránsito desde hace centenares de años, con la llegada del ferrocarril vivió su época de apogeo. Para hacer llegar las vías hasta el lugar y montar la infraestructura se necesitaban miles de obreros, muchos de los cuales eran extranjeros. La crueldad del clima, las pestes y la dureza del trabajo hicieron que muchos murieran y como no eran reclamados ni había tiempo de bajarlos a la ciudad, eran enterrados en el lugar.
"Todos necesitan su lugar santo y por eso se levantó el cementerio ferroviario en Puente del Inca. Se pueden marcar tres etapas en su desarrollo. La primera es la ferroviaria, luego la de los andinistas muertos en la montaña y ahora la voluntaria, porque muchos piden ser sepultados allí", dice el experto andinista Alfredo Magnani, quien ha realizado la más precisa descripción de las montañas argentinas en una impresionante enciclopedia
Nicolás Plantamura fue el primer argentino que hizo cumbre en los 6.962 metros. También fue enterrado en Puente del Inca y es uno de los hombres más recordados en la montaña. Su tumba ha sido víctima de saqueos (se robaron una piqueta de adorno que tenía).
"Nadie lo cuida. Al cementerio va mucha gente por día. Si estuviera en otro país sería parte de los circuitos turísticos y se protegería", asegura el andinista y operador del Aconcagua Rudy Parra. La preocupación llega al punto de que hay familiares de grandes hombres de la montaña que no llevan los restos allí por temor a los saqueos.
De igual manera, la mayoría de los amantes de la montaña ya dejaron comunicado su último deseo. "En mi caso la montaña es mi vida y quiero estar allí", confiesa Rudy, que heredó la pasión de la montaña de su padre, que también descansa en Puente del Inca.
Fuente: Los Andes Online/Aconcagua Trek