Primera expedición internacional de Cúspides Venezuela

Sierra Nevada del Cocuy, Colombia Diciembre del 12 al 26 de 2008

Por: Jorge Brozoski F.

Integrantes de la expedición:

Ada Torres, Germán Rojas, Jorge Brozoski

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Los preparativos

Durante una lluviosa noche en la cima del Roraima, charlaba con Germán acerca de las expediciones que habíamos realizado en estos últimos 18 meses, se nos pasó la idea por la cabeza que ya era hora de salir de nuestras fronteras, cambiar de rumbo, abrirnos paso a través de montañas en el extranjero, nuestro afán como exploradores y montañistas está en plena efervescencia, entre varias propuestas tomamos la opción de conocer La Sierra Nevada Del Cocuy, en los Andes orientales de Colombia, debido a su relativa cercanía, montañas de variado nivel técnico, y por encima de todo, era la alternativa que cabía dentro de nuestros bolsillos.

Los meses siguientes los dedicamos a completar los equipos que nos faltaban a cada uno de nosotros, a entrenar mucho  y reunir fondos para llevar a cabo esta empresa, la idea principal era lograr ascender al menos una montaña de mas de cinco mil metros, de todas las que se encuentran en el parque, preparamos un cronograma el cual incluía, en este orden, el Toti, Cóncavo, Pan de Azúcar y por el último, el Ritacuba Blanco, objetivo principal de muchos escaladores en su paso por los cincomiles, también, elegimos la mejor temporada del año, el verano, cuyos meses más secos son los de Diciembre y Enero.

Montañismo
Cumbre del Ritacuba Blanco, 5400 msnm.
Montañismo
Ada, German y Jorge.

Día 1.-  12/12/2008   La partida

    Viernes 12 de Diciembre, último día, nuestros equipos ya estaban listos y debidamente “embutidos” en nuestro talego, pero el estrés de última hora y las ansias son incontrolables, nuestra primera expedición en tierras foráneas, el bus partía desde la ciudad de Caracas a las 16:30 y estábamos atrasados, una vez a bordo de nuestro flamante Marcopolo, las preocupaciones y el estrés se quedaban afuera, nuestra aventura empezaba, un gran embotellamiento en Tazón nos retrasa, German partía de Barquisimeto tres horas más tarde y la idea era hacer coincidir la llegada de nuestros buses a San Antonio del Táchira, pero nuestra cafetera se detiene en cuanta ciudad encuentra para recoger pasajeros, después de unas largas 18 horas cruzando los llanos del centro, arribamos al pueblo fronterizo, eran las 10.30 a.m. , German ya había llegado horas antes, el pobre estaba envejeciendo sentado en un banco del Terminal, ya por fin el grupo estaba reunido.

Día 2.-  13/12/2008   San Antonio - Cúcuta

    San Antonio es un pequeño pueblo de intensa actividad fronteriza, tomamos un taxi para todas las diligencias de rigor, ir a la oficina de la Onidex para sellar nuestros pasaportes, cruzar la frontera por el Puente Simón Bolívar, volver a sellar en la oficina colombiana y por último dejarnos en el Terminal de pasajeros de Cúcuta.

     Llego la hora de despedirnos de Cúcuta, abordamos  nuestro bus, unas simpáticas 7 horas nos esperaban inmovilizados en las butacas nuevamente, la gran diferencia es que no sabíamos que una buena parte de la carretera hacia Capitanejo por la vía Málaga no es asfaltada sino de tierra, así que nos dejamos de ilusiones con poder conciliar algo de sueño por el camino.

Día 3.-  14/12/2008   Cúcuta – Capitanejo – Cocuy

    Hicimos una breve parada para dejar pasajeros en Málaga, nos bebimos un “tinto”, así le dicen al café guayoyo, y seguimos, teníamos 36 horas sin dormir, después de unas dos horas por fin llegábamos a Capitanejo, pero nos dieron la mala noticia que ya no había transporte hacia el Cocuy hasta la tarde, decidimos tomar un “expreso”, un taxi para poder llegar y no perder ese preciado día, después de negociar con el lugareño, montamos nuestros morrales y partimos hacia la tan ansiada villa, nuevamente por una carretera de tierra, pero mas extrema, pasamos por pueblos muy bonitos, llegamos al Cocuy a las 10:00 a.m., recorrimos varias posadas y tomamos la opción de alojarnos en la posada del Sr. Guillermo Arango, al lado de la plaza, no sólo por lo solidario del precio, sino por lo hermosa que es, el Señor es artista, fue el autor de la famosa maqueta de la Sierra Nevada que está en la plaza, tiene la posada decorada con varios cuadros y frescos, obra de su propia creación, posee un nivel cultural que contrasta con su sencillez, rasgo típico de la gente de la región, aquí dejamos nuestro pesado equipaje y nos dirigimos hacia la oficina de guardaparques para obtener el permiso de ascenso el cual es obligatorio, no solo pedirlo, sino reportarse después al regresar para constatar que la expedición volvió sin percance alguno, conversamos con un funcionario muy amable, nos tomó los datos y nos registró en su computadora, la oficina es espléndida, después de recibir la respectiva charla y obsequiarnos folletos e instructivos nos fuimos a descansar un rato en la posada, las 44 horas de vigilia que teníamos pesaba sobre nuestros párpados, dormimos tan profundo que se pudo haber desplomado el envigado de madera del techo sin que ninguno se hubiese dado cuenta.

El Cocuy es un pueblo muy pintoresco, tranquilo, se encuentra ubicado en el Departamento de Boyacá, en los Andes Orientales al pie de la Sierra, su economía se basa en la actividad agropecuaria, pero últimamente ha tenido un gran auge en el turismo. Después de un buen sueño reparador,  dimos un breve paseo por los alrededores, parece que el tiempo se detuvo en este rincón de los Andes, todas las casas son iguales, con un aire colonial, hasta la única entidad bancaria que tiene el pueblo posee una arquitectura cónsona con las demás, estuvimos conversando y haciendo amistades por los alrededores, los habitantes nos dieron mucha información acerca del como era el transporte el cual nos llevaría hasta nuestro primer campamento en la sierra, el camión lechero que recorre las fincas de la zona.
Montañismo
Pueblo El Cocuy. Colombia

Día 4.-  15/12/2008  El Cocuy – Hacienda La Esperanza

Montañismo
Hacienda la Esperanza.
Montañismo
A lo lejos el Ritacuba Blanco.
   El despertador suena a las 5:00 a.m., teníamos que recoger todo rápido para abordar el camión lechero, Germán se alistó en segundos, pero Ada quería seguir enrollada en su capullo de cobijas de lana, el Sr. Arango ya estaba en el patio central haciendo los quehaceres de la casa, como unos claveles esperamos al transporte a las 5.45 a.m. en la esquina de la plaza, mientras, rompíamos el ayuno con un tinto y unos pasteles de una bodega que se encuentra justo en el lugar donde llegan los camiones, los lecheros comienzan su jornada a las 5:00 a.m. desde el vecino pueblo de Güicán, y pasan por todas las haciendas que se encuentran en el páramo haciendo un circuito para llegar nuevamente a su lugar de partida, recogiendo leche, dejando encomiendas, transportando pasajeros y hasta una que otra oveja que necesite la cola de su casa al matadero, partimos justo a la hora programada, el sol asomaba suaves destellos por el este.

La temperatura eran de unos agradables 12 grados, el cielo estaba despejado, esta ruta nos pareció uno de los más lindos y pintorescos que hayamos hecho alguna vez, el chofer se detiene cada minuto a recoger los bidones que dejan los peones de las haciendas en la orilla de la vereda de tierra, la gente se baja y sube, hasta un muchacho con su bicicleta iba a bordo, el encargado llenaba poco a poco un tanque de casi 1000 litros con leche recién ordeñada, cada vez que sacudía  los tamices nos salpicaba con nata a todos.

Poco a poco íbamos ganando altura, desde los 2700 del Cocuy hasta los 3750 de la hacienda La Esperanza, el paseo dura entre 2 y 3 horas, incluyendo la parada que se hace en el sector de la capilla para desayunar, arribamos a la hacienda antes de las 10:00 a.m. , el cielo seguía con su azul inmaculado, tocamos la puerta y una señora de unas cuatro décadas nos recibe con mucho entusiasmo, aquí los turistas son muy bien recibidos, aportan algo de ingresos extras para los habitantes de esta zona tan rural, nos da permiso para armar la carpa en los verdes terrenos de la finca, aquí establecimos el que llamaríamos Campamento 1.

La Esperanza es una hacienda que se dedica mas que todo a la cría de ganado ovino de la raza Rommey Marsh, sus verdes pastizales parecen sacados de una postal, hay vacas por doquier, las gallinas y los patos deambularon por nuestro campamento todo el día, una vez establecido nuestro comando de campaña, nos fuimos a almorzar al interior de la casa, la señora encargada nos preparó unos platos suculentos en el interior de una cocina de cuyo fogón chisporroteaba un gran leño, ya la tarde se venía encima y el cielo se empezó a cubrir ocultando  las montañas vecinas son un suave manto de nubes.

Al terminar el almuerzo, nos fuimos a la carpa para guarecernos del frío que se hacía inminente, una atmósfera de aspecto lúgubre silenciaba los alrededores, por un momento creíamos que iba a llover, pero así es la mecánica del clima en esta época del año, para la medianoche despejaría de nuevo por completo y repetiría el ciclo, este es uno de los días mas importantes, aquí comienza realmente el período de aclimatación, pero por mi parte mi organismo me empezó a dar una alarma, los síntomas de una gripe descomunal se hicieron sentir, traté de no dejarme llevar por eso, pero más adelante una fiebre me derribó de tal manera que no podía salir de la carpa, mis compañeros me pusieron en tratamiento, no era para nada alentador que un miembro del grupo empiece a flaquear al comienzo de la expedición, trate de reposar y mentalizarme, era nuestra primera noche en el páramo y aun teníamos muchos días por delante, una frugal cena cortesía de mis compañeros me alivia y sacia mi apetito, resolvimos acostarnos temprano, aún necesitábamos descansar más.

Día 5.-  16/12/2008   Descanso en la Esperanza

Montañismo
Hacienda La Esperanza.
Si hay algo que hay que tener muy en cuenta a la hora de acampar en una finca, es tratar de no hacerlo cerca de un gallinero, desde la medianoche un desafinado gallo colaboró con el  crecimiento de nuestras ojeras, estuvimos a punto de lanzarle un piolet de no ser por lo cómodos y calientes que estábamos en nuestras bolsas de dormir, pero el plumífero insistía en anunciar el amanecer 6 horas antes.

Nos levantamos a las 5:30 a.m. a petición de nuestros compañeros de corral, nuevamente el día era perfecto, una fina capa de escarcha cubría todo alrededor de nosotros.

Pero mi salud estaba muy quebrantada, tuve fiebre durante la noche y estaba débil, decidimos postergar el ascenso al campamento 2 en la Laguna Grande de la Sierra para recuperarme un poco, eso significaba descartar una de las montañas de nuestro cronograma,  Germán y Ada preparan un desayuno bien merecido para la ocasión, el verdor del los pastizales le daba un toque mágico al paisaje, ovejas negras por todos lados, sus gruesos abrigos de lana hacen que ni se den cuenta de los 5 grados que enfrían el ambiente, este día lo empleamos para aclimatarnos mejor, tomar fotos y descansar, conversamos con  la familia encargada de cuidar la hacienda, nos cuadraron un arriero y una bestia para el siguiente día, el clima cumplió con su ciclo pronosticado dándonos una vista inmejorable hacia el valle del oeste, poco a poco mi organismo se iba recuperando, los fármacos estaban haciendo efecto, sudé tanto que fácilmente me tomé cuatro litros de líquidos durante el día.

Día 6.-  17/12/2008  La Esperanza – Laguna Grande De La Sierra

    Esta noche nuestros compañeros de cuarto escucharon nuestras plegarias, Ada había amenazado al gallo con desplumarlo si no se callaba, lo que hizo mi recuperación casi un éxito, aún me dolía algo el cuerpo, pero definitivamente era por llevar varios días durmiendo poco, recogimos todo a rapidamente y armamos la mula de carga, eran las 6:30 a.m. el arriero nos da una mula extra, era para bajar a otros andinistas que se encontraban en la laguna, por lo que me salió el pasaje gratis, dejé que Germán y Ada subieran a pié, debido a la decena de kilómetros que separaban los campamentos para no forzar mi cuerpo y lograr una recuperación completa.

Partimos a las 7:30 a.m., un clima estupendo auguraba un día fenomenal, el camino empieza justo detrás de la hacienda, rumbo este, por una angosta senda que va cruzando un abierto valle hasta donde se puede apreciar una cascada en el fondo, aquí ya se empiezan a ver las primeras evidencias de lo que fue un gran valle glaciar, después de remontar una pequeña cuesta detrás de la cascada, un exuberante paisaje se abre ante nuestros ojos, el llamado valle de los frailejones, se puede apreciar una gran variedad de estas plantas del género Espeletia, algunos de ellos alcanzan los 3 o más metros de altura, iguales a los que se observan en algunos páramos merideños, el Pico Pan de Azúcar era el fondo del escenario, definitivamente los páramos colombianos albergan la mayor diversidad de flora de alta montaña que alguna vez habríamos visto.
Montañismo
Laguna Grande de la Sierra.

Al final del valle se puede apreciar por donde continúa el camino, bastante empinado, parecen las escaleras al cielo ya que no se ve en donde termina, esta es la parte más dura, pero a la mula parece no importarle, abajo se veía el valle de los frailejones, y poco a poco, las cumbres nevadas que tanto ansiaba ver con mis propios ojos, aparecen, en menos de una hora ya estaba pasando por el lugar conocido como la Cueva de los Hombres, cualquiera puede imaginar cosas raras cuando lee el nombre de ese refugio por primera vez, es una parte de una gran roca que se ha ido erosionando y formó una protección natural para poder vivaquear en caso de emergencia, después de superar un tramo de arena y roca se llega a la ansiada laguna, el paisaje es desolado, típico de esta cota, sólo se ve roca y arena, los picos Cóncavo, Portales, Toti y el Pan de azúcar adornan el enorme anfiteatro encerrando la laguna, como mis compañeros iban a demorar al menos tres horas en llegar, me dispuse a armar el campamento, un grupo de jóvenes venezolanos de la Universidad Simón Bolívar se encontraban en el lugar, estaban recogiendo para emprender el regreso, el sol brillaba con todo su esplendor, no había rincón alguno donde no iluminase, los glaciares resplandecían como enormes espejos, una vez terminadas las faenas, me dispuse a descansar para esperar a Ada y Germán, ya debían estar cerca.

    El sol llegaba a su elongación máxima, la tarde comenzaba, delicadas nubes lenticulares acarician las cumbres, empecé a preocuparme un poco, mis compañeros no llegan, abandoné el campamento y caminé hasta un mirador a ver si los divisaba, pero sólo veía roca y mas roca, silbaba una y otra vez, la única respuesta fue mi eco, por lo que supuse que algo malo les había sucedido, empaqué algo de comida y bebidas en mi morral de ataque y comencé un largo retorno, desde el  pie de un colosal hito de rocas pude observar a Germán como a 500 metros, después de unos minutos de descenso lo alcanzo, estaba cansado, me comenta que dejó a Ada muy atrás, como en la cota 4500, estaba cansada y caminaba solo por minutos, el seguiría para descansar en la carpa y protegerse un poco del sol, que a esta altura la radiación es muy nociva, así que seguí descendiendo hasta que la alcanzo, estaba sentada en una roca, exhausta, deshidratada y hambrienta, mi presencia la hizo sentir muy bien, no solo por ser su cónyuge sino por los frutos secos y el té que le traje, paso a paso a un ritmo estable la traje hasta el campamento, ya el almuerzo se los tenía listo, de verdad la subida le cobró un tributo muy elevado, descansamos los tres un rato y charlamos acerca de cómo iba a ser el plan de ataque para los días posteriores.

Montañismo
Pico Concavo, 5200 msnm.

La Laguna Grande de La Sierra es un campamento ideal, esta aproximadamente a 4700 m.s.n.m, posee fuentes de agua por todos lados, lugares planos para acampar y lo mejor de todo, es que las cumbres vecinas se ven bastantes equidistantes de nosotros, a excepción del Pan de Azúcar y el Púlpito del Diablo, cuyo glaciar norte es una espeluznante cascada de hielo, por lo que la ruta hay que buscarla rodeando todo el macizo por el sur, de resto, los picos  Cóncavo – Concavito, Portales, y Toti se ven prácticamente a menos de 5 horas de ascenso. 

La noche se avecinaba, el clima estaba parcialmente nublado, en cuanto se ocultó el sol la temperatura se desplomaba a razón de más de un grado cada media hora, preparamos infusiones calientes y una cena rica en grasa y carbohidratos, los dos días de estadía en La Esperanza nos propinaron una aclimatación muy efectiva, ninguno tenía el mas mínimo malestar relacionado con la altura, nos acostamos temprano, una gélida noche nos esperaba.

Día 7.-  18/12/2008   Ascenso al Pico Cóncavo

   

Noche despejada, temperatura baja, es como una regla de tres, cada dos horas me despertaba para salir de la carpa a satisfacer ciertas necesidades que sólo los hombres lo podemos hacer de pie, pero los -5 grados que reinaban eran tales que por poco lo hago sentado, el cielo estaba muy estrellado, la vía láctea cruzaba el firmamento de punta a punta, nos levantamos a las 5:30 a.m., hicimos un desayuno en cuestión de minutos y preparamos los equipos en un morral de ataque para ascender al Cóncavo, Ada resuelve quedarse, todavía estaba cansada del maratón de ayer y necesitaba recuperarse todavía, por lo que sólo fuimos Germán y yo, a las 7:00 a.m. partimos, bajo los primeros indicios del alba.
Montañismo
Campamento Base, Laguna Grande de la Sierra.
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Pico Pan de Azucar.
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Ascenso al Pico Concavo.
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Grieta en el Glaciar.

  El Cóncavo se encuentra del lado norte de la laguna, tiene un glaciar de una dimensión considerable y diferentes pendientes, puede parecer benigno pero es realmente un poco traicionero, por lo que decidimos alcanzarlo por su flanco izquierdo para evitar la inestable cascada de hielo que tiene justo en el centro, durante la tarde anterior vimos un pequeño alud que cubría las huellas de los jóvenes de la USB que subieron dos días antes.

La caminata comienza, subimos poco a poco a buen ritmo por una gran morrena lateral, sorteando enormes lajas de roca entre suelo arenoso, al cabo de unas dos horas ya nos encontrábamos bajo la gran muralla del concavito, a partir de aquí el camino desaparece y empezamos a caminar por pura intuición, buscando la ruta mas lógica hasta que llegamos al comienzo del glaciar, el sol estaba empezando a tocarlo, por lo que nos apresuramos para evitar que se ablande, nos calzamos los grampones y dimos inicio a nuestra travesía por el glaciar, se veían algunas que otras pisadas de ascensos anteriores, pero elegimos hacer nuestra propia ruta, por puro instinto, el cual nunca nos falló, evitamos una enorme grieta rimaya que no hubiésemos visto hasta no haberla tenido al lado, el clima estaba perfecto, sólo el vórtice de una pequeña nube delataba los fuertes vientos en la zona cimera, la calidad del hielo también era excelente, apenas se hundía un par de centímetros el regatón de nuestros piolets, el Pan de Azúcar con su centinela, el Púlpito, se veían a la distancia, después de una hora caminando por este gélido paisaje encontramos las huellas de los montañistas caraqueños, habían tomado una ruta mucho más larga, flanqueando la cascada por la derecha para luego acometer una empinada pared, en este lugar ya la pendiente cambia abruptamente, la cima se veía a tan sólo minutos, pero esa opinión es tan sólo el resultado de una gran inocencia, la progresión por el hielo es más lenta de lo que uno cree y las distancias suelen hacerse más largas, después de terminar de cruzar esa hermosa sabana blanca, comienza la parte mas fatigosa, una cuesta engañosa, una grieta oculta nos sorprende por un instante, era tan solo una resquebrajadura de no mas de dos centímetros, pero el piolet se hundía hasta mis manos, a los lados pudimos ver como se ensanchaba, por lo que la sorteamos en el mejor lugar que encontramos, un débil puente de hielo puede acabar no sólo con el ascenso, sino con la vida de los dos, una vez eludido el peligro ya la cima estaba a un palmo, se aprecia como un hermoso hongo de hielo tallado por los dioses, la manera mas fácil de alcanzarlo sería por la izquierda, acometiendo una rampa segura que conduce a la cresta, por la derecha vimos una de las grietas mas grandes, tenía unos carámbanos hermosos, parecían los dientes de las fauces de un gigante dormido en el hielo, ya estábamos en la cresta, un paisaje sin igual se veía del otro lado, el abismo rugía, una pared de mas de mil metros nos hace pensar que no era prudente asomarnos como si fuese un balcón.

Nos enfilamos hacia la derecha y después de un par de minutos de tensión, arribamos a las 11.30 a.m.  a  la cima helada del Pico Cóncavo.

Abrazos, emoción, nuestro grito de cumbre se hace escuchar por todo el cerro, reviso mi altímetro y lo veo por primera vez después de los cinco mil metros, la altura oficial de esta cúspide aún no esta aclarada, pero se estima que se encuentra entre los 5.200 y 5.250 m.s.n.m. la vista empieza a cerrarse, el clima cambia rápidamente como lo habíamos observado a diario desde que llegamos a la Sierra, por lo que tomamos sólo unas fotos y algo de video, permanecimos algo así como 15 minutos, aparte que el hongo es realmente angosto por debajo y no quería que por mala suerte se desplomara justo en el momento de nuestra celebración, por lo que lo destrepamos en un santiamén y emprendimos el regreso por el mismo camino que nos trajo,  fueron 4 horas y media de ascenso pero regresamos al campamento en sólo 2 horas y media, Ada nos tenía preparado un banquete especial, escucho nuestros gritos cumbreros a pesar de la distancia y nos observó durante la mayor parte del trayecto, un merecido descanso nos esperaba, estábamos felices por haber alcanzado el primer cincomil de nuestra vida como montañistas.

Montañismo
German en la Cumbre del Pico Concavo.
Montañismo
Jorge Brozoski en la Cumbre del Concavo.

Día 8.-  19/12/2008  Regreso a la Esperanza

Amanecer de un nuevo día, Germán y yo estábamos más doblados que alambritos de bolsa de hielo, a pesar de lo bueno que estaba el clima, resolvimos no intentar  el Pan de Azúcar, sólo la aproximación hasta la base nos tomaría horas, dándonos un estimado de regreso después de las 6:00 p.m. al campamento, para evitar perdernos y reservar energías para el Ritacuba Blanco, elegimos la opción de levantar campamento y bajar hasta la hacienda, esperamos a ver si la suerte traía algún arriero con mulas para dejar montañistas, pero al ver que se hacía mediodía nos apuramos a bajar por nuestros propios medios, la alegría y el optimismo nos hicieron el retorno más rápido, pude capturar muchas imágenes de la flora endémica de la zona, desde frailejones gigantes hasta orquídeas, en 6 horas alcanzamos la esperanza, el final de la tarde se acercaba, nuestra ración de marcha se había agotado kilómetros atrás, una vez en la hacienda, finiquitamos pedir una habitación para descansar nuestros agotados cuerpos, los patrones habían llegado de Bogotá esa semana, nos sirvieron una cena estupenda  en un lindo comedor, pero lo mejor de todo fue, definitivamente, echarse una ducha caliente después de varios días sin bañarse.

Día 9.- 20/12/2008  La  Esperanza – Cabañas Kanwara

Era una noche fresca, dormíamos bajo varias cobijas de lana, cuando de pronto, la cama donde estábamos  Ada y yo colapso como si fuera de hojaldre, un buen susto nos dimos a las 12.30am, Germán no aguantaba la risa, tuvimos que arreglarla durante la mañana, necesitábamos dormir por lo menos 4 horas más.

Amanece y ni nos dimos cuenta, recogemos todo dentro de los morrales y desayunamos, el lechero pasaría como a las 8.30 – 9:00 a.m. y teníamos que estar puntuales en la entrada de la hacienda, el cual llegó como todos los días, nos trasladó desde la Esperanza hasta la entrada de las Cabañas Kanwara, trecho que demoró un poco más de una hora en recorrerlo antes de emprender su regreso a Güicán, en el lugar donde nos dejó tuvimos que negociar con unos arrieros, aún llevábamos mucha carga y nos daba flojera echarnos los morrales al lomo para recorrer los varios kilómetros de subida que restaban, nos dieron sendas bestias, mi caballo en particular era joven y muy impetuoso, entre Germán y Ada me hicieron el trayecto imposible ya que a mi Bucéfalo no quería que lo adelantaran, por lo que nuestros equinos estuvieron corriendo durante toda la subida hasta Kanwara, me sentía como en la Rinconada, pero terminé con el trasero muy aporreado, en las cabañas dejamos el excedente de equipaje y continuamos hasta el campamento base de los Ritacubas, menuda subida nos esperaba, era ya poco más del mediodía y el valle se empezaba a nublar un poco.

El camino que conduce al campamento base de los Ritacubas es muy distinto al que lleva a la laguna grande de la sierra, una vez que se sale de las cabañas hay que observar bien la trocha para no perderse, esta llega a un campamento al margen del río playitas, donde pueden verse frailejones gigantes, aquí el sendero gana pendiente poco a poco hasta transformarse en una montaña rusa, los caballos subían poco mas de 100 metros de desnivel cada 10 minutos, parecían máquinas, atrás dejábamos rápidamente el valle, después de un par de horas de ascenso, alcanzamos el campamento base.

Aquí la gran diferencia es que hay muy poca agua, sólo utilizamos de manera muy racional la que formaba una pequeña laguna de algunos metros cuadrados de superficie, no vimos más, aquí armamos campamento, ya eran como las 4.30 p.m., al fondo, en el glaciar, pudimos apreciar un grupo de montañistas bajando a todo tropel, me extrañaba ya que no vimos ninguna carpa por los alrededores, el arriero se despide rápido y regresa antes que le agarre la noche, cuando los sujetos estaban ya cerca nos percatamos con algo de miedo que no eran escaladores, sino uniformados con atuendos militares y rifles, por un momento pensamos que era la guerrilla y nos iba a secuestrar, con razón el arriero se dio a la fuga tan rápido, se nos acercan y nos piden amablemente nombres y pasaportes, entonces caímos en cuenta que eran soldados del ejercito colombiano, batallón de alta montaña, vigilando los páramos para que la guerrilla no se establezca de nuevo por la zona, a la final terminamos echando broma y tomándonos fotos con estos individuos. Para el final de la tarde ya teníamos el campamento armado y la cena lista, una suave niebla cubría el fondo del valle, abriendo una ocasional ventana, abajo, Kanwara era sólo una maqueta en un paisaje dibujado.
Montañismo
Ascenso a la Cumbre del Ritacuba Blanco.

Día 10.- 21/12/2008   Hacia el Ritacuba Blanco

Solsticio de invierno, el día más corto del año, nos alistamos más temprano que nunca, desayunamos algo ligero y a las 5:00 a.m. partimos rumbo a la cima más alta de los andes orientales colombianos, no teníamos mucha idea por donde partir, por lo que seguimos algunos hitos de roca que están en la cresta de la gran morrena lateral izquierda, seis días de aclimatación nos habían dado unas condiciones ideales para este ascenso, la madrugada estaba impecable, nada de nubes ni viento, al final de la morrena tuvimos que sortear unas enormes repisas de roca para poder llegar de la manera mas fácil y directa a la base del glaciar, aquí preparamos los equipos, nos calzamos los grampones y comenzamos la cordada, era la primera caminata por glaciar para Ada, estaba emocionada, el hielo estaba, duro, desde aquí la ruta es prácticamente en línea recta, apenas una grieta empezando nos desvió un poco, igual el hielo no tendría mas de dos metros de espesor al comienzo, debido a la pendiente, la cima no era visible, la concavidad no lo permitía, por lo que caminábamos por pura intuición, por mas de dos horas sólo vimos hielo y más hielo, uniforme, ni una fisura, por el lado izquierdo las otras cimas del macizo, el Ritacuba Negro y el Norte asomaban sus imponentes cúspides cuyos escarpes lucían hermosos y frágiles carámbanos, por aquí pudimos ver las balizas que han ido colocando para estudiar el retroceso del glaciar, simples tubos de una pulgada en PVC enterrados en un diminuto agujero, con sus respectiva numeración, parece ficticio pensar que algún día este hermoso paraje vaya a desaparecer gracias al calentamiento global.

El Ritacuba Blanco es la montaña más alta de los Andes orientales colombianos, sus 5.350 m.s.n.m y escaso nivel técnico por su ruta normal hace que sea una de las más visitadas en el parque, posee la extensión glaciar más grande de Colombia, y en días excepcionalmente despejados, puede verse nuestro Pico Bolívar desde su cima.

Paso a paso, un pie delante del otro, el crujir del hielo bajo nuestros crampones es algo que hay que escuchar para entender lo exquisito que se siente, ya la mañana estaba avanzada, a pesar del intenso sol, sentíamos como si estuviésemos caminando sobre roca, ya el flanco sur del Ritacuba Negro empieza a verse mejor, al fondo, la minúscula cima del Blanco parece sólo un muñeco de nieve, aún esta lejos, para las 10:30 a.m. alcanzábamos la cresta final

Montañismo
Ascenso a la Cumbre del Ritacuba Blanco.
Montañismo
A pocas horas de la Cumbre, 5400 msnm.
Se veía ancha, pero era sólo un engaño, por los lados amenazadoras grietas evidenciaban que bajo ellas solo había un gran vacío, nos pudimos dar cuenta de eso al observar la delgada fila que une el Blanco con el Negro, el hielo parecía el merengue de un delgado y largo pie de limón, centramos nuestra atención en ellas, ya el glaciar tenía varias lomas, la cumbre se acercaba, arribamos a la zona cimera, una gran grieta decora la pared final, es muy distintiva y aparece en todas las fotos de los montañistas que hayan estado alguna vez aquí, el clima empieza a cambiar rápidamente, iba a ser mediodía, en este punto monto una reunión y Germán hace la escalada final, es una pared de algo así como 15 metros y 50-60 grados de inclinación, y para rematar, la cosa arriba es mas estrecha que lo que pensábamos, por lo que decidimos subir hasta la cima de uno a la vez.
Montañismo
En la Cumbre del Ritacuba blanco.
11.30 a.m., por primera vez en nuestras vidas estamos los tres reunidos en una cumbre, el grito de Germán se escuchó hasta el estado Lara, Ada sacó nuestra arrugada y descolorida bandera tricolor de 7 estrellas ( si, leíste bien, 7 estrellas), yo trataba de no poner un pie en algún lugar equivocado, la cima es similar a la del Cóncavo, pero más pequeña e inclinada, justo la parte más cómoda es un voladero, una lengua de hielo, y para rematar tiene una grieta justo en la mitad, dado que la velocidad del viento aumentaba y la visibilidad disminuía, no permanecimos mucho tiempo, sólo lo necesario, destrepamos con cuidado hasta la reunión, y de ahí, un solo empujón hasta el campamento, a lo lejos, la gran grieta vertical era como un enorme ojo que nos miraba, el Ritacuba nos estaba guiñando el otro.
Montañismo
En la Cumbre del Ritacuba blanco.

El descenso fue bastante rápido, a pesar del sol, el hielo permanecía firme, a nuestra izquierda, los San Pablines nos saludan con entusiasmo, el Pan de Azúcar nos observa con su bufanda de nubes, esperando nuestro regreso, pero en cambio, el Ritacuba Negro tiene una mirada desafiante, retando a los andinistas a vencer esa gran mole de ébano, nuestra meta, haber coronado al menos un cincomil, se había cumplido,  sólo tres horas fue lo que tardamos hasta la carpa, el arriero iba a llegar a las 3:00 p.m.

Por lo que recogimos rápido y, sin almorzar, bajamos hasta las cabañas, una inesperada ducha caliente nos relajó hasta los huesos, mandamos a preparar una cena, ya estábamos hartos de comer lo mismo, aquí conocimos al encargado de las cabañas, Julián, nos sirvió con la amabilidad que caracteriza a los habitantes de Boyacá, charlamos un buen rato con él mientras arrasábamos con la mesa, una sopa de papas y un plato de carne y arroz nos mandó de un solo golpe a nuestras camas.

Día 11.- 22/12/2008  Regreso hasta Güicán

    Amanece en las cabañas, una fina capa de escarcha cubre la hierba, Julián va en busca de una bestia para llevarnos los morrales hasta el cruce por donde pasa el lechero, teníamos calculado que éste llegaría a las 10:30 a.m. a más tardar, pero eran las 9 y todavía no habíamos ni recogido nuestras cosas, por lo que salimos caminando cuesta abajo con el cepillo de dientes en la boca, nuestro amigo boyacense bajó con la mula y nuestras cosas y casi que con la puntualidad de un autobús inglés, el lechero llegó al mismo tiempo que nosotros, abordamos el transporte junto con otros lugareños, incluida una gran oveja, después de una hora, arribábamos al pueblo de Güicán, aquí tomaríamos el bus que nos llevaría a Capitanejo y después el enlace hasta Cúcuta.

    Güicán es un pueblo más pequeño que su vecino El Cocuy, esta a 2.900 m.s.n.m, su gente, cálida y alegre le dan ese toque particular, hasta aquí llegan los grandes buses de la línea Concorde, compramos boletos para las 5:30 p.m. mientras tanto, nos entretuvimos un buen rato con una fiesta local, vimos una graciosa comparsa, la gente se disfrazaba, en la plaza hubo una serie de actos culturales, era una mezcla entre el Carnaval y la Navidad, nos gustó mucho, pero ya teníamos que partir, abordamos a la hora mencionada, y haciendo una breve escala en el Cocuy, arrancamos para Capitanejo, sólo 3 horas duraría este trayecto.

Día 12.- 23/12/2008  Capitanejo – Cúcuta – San Antonio

    Llega el bus a Capitanejo, por una hora esperamos el otro proveniente de Bogotá, cenamos en una taguara cercana, la peor carne y las peores papas fritas de nuestras vidas, hicimos el trasbordo a la medianoche, nuevamente la tortura de 7 horas sin moverse nos esperaba, pero esta vez dormimos algo, llegamos a Cúcuta justo después del amanecer, la ciudad estaba repleta de gente, una impertinente lluvia nos recibía en el terminal, aquí tomamos un taxi hasta San Antonio, la frontera estaba colapsada, buscamos un hotel económico para hospedarnos, realmente estábamos cansados, dormimos un poco antes de salir a caminar por el pueblo.    Germán se regresa por su cuenta la mañana siguiente, compromisos familiares lo esperaban, Ada y yo nos quedamos hasta el 26 para conocer mejor San Antonio y Cúcuta.

Así reacondicionábamos nuestros cuerpos para la salida que teníamos planeada para el Roraima 4 días después, numerosas quemaduras nos adornaban los rostros, en particular a Ada, eso nos hace recordar que los ascensos nunca son tan fáciles como parecen, varios kilogramos de peso se nos fueron por los poros y teníamos que recuperarlos, del otro lado de la frontera, la Sierra Nevada del Cocuy nos enseño algo más que montañas, nos enseño a mejorar como andinistas, como personas, a trabajar en equipo, pero muy por encima de todo, a respetar la naturaleza, ésta, después de todo, ha sido muy indulgente con nosotros.

Montañismo
Ascenso al Ritacuba Blanco. Ada, German y Jorge

Jorge Brozoski

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